Vivimos un mundo donde la velocidad de las tecnologías son incomparables. El hombre solo puede otear el panorama y sumergirse en el nuevo mundo. Ha sido temida en algunos casos, sí, porque altera los órdenes constituidos -afirmaba Giovani Sartori-. Pero no hay de otra.
Sin embargo, en comparación con la invención de la imprenta y el progreso de los medios de comunicación, estos siempre han sido aplaudidos, pues traían consigo una nueva forma de darle sentido a la vida del hombre. Una nueva fuerza capaz de cortar distancias y poner el mundo a nuestros pies. Una revolución que llevaría al hombre hacia las esferas más desarrolladas de la civilización. Primero la radio, luego la TV y por último la revolución multimedia. Todo esto en nombre de una globalización que busca el desarrollo colectivo y humano de las sociedades diferentes.
Sin embargo, hay algo aquí de verdad escondida, de entrampamiento que las mentes sumisas no pueden descifrar, de condiciones sibilinas a las que no podemos descifrar. Así esto se convierte en una especie misteriosa y entrañable a la que hay que desentrañar.
"Actualmente, el consumo de medios de comunicación constituye un componente fijo dela vida cotidiana en la mayoría de las sociedades", afirmaba Vicente Romano. Y continúa diciendo que la cultura predominante es de la de tales medios, pues se ha convertido en la experiencia cotidiana y en la conciencia común de la inmensa mayoría de la población. Así, la cultura mundial de los medios uniformiza y reduce el planeta.
Precisamente esa uniformización ha llevado al hombre a creer en el tipo de vida o creencia que puede usar para estar a la altura de las exigencias que estos instrumentos comunicacionales ponen en sus sentidos.
Entonces, hablamos así de una masificación que promueve la superchería de prototipos y modelos a los que hay que seguir. En definitiva, ya no hablamos así de progreso sino de retrocesos. Pues el hombre, como ser racional, ya no tiende a crear nuevas ideas, nuevos pensamientos que le den la libertad de expresarse, de sentir ese anhelo personal de desbordar nuevos sentidos en su vida. Pero con este letargo mentales imposible ser creativo.
Hemos llegado a la civilización del espectáculo, como afirma Mario Vargas Llosa en su último libro, lo cual ha traído negativamente el culto a la publicidad, el éxito instantáneo,la fama sin fronteras y la perversidad de las actividades artísticas e intelectuales. En consecuencia, la degradación de la cultura. Todo esto dirigido por los medios que apoyan sin control esta debacle cultural.
Sin embargo,hay que diferenciar todo esto de la función de las radios que también son medios de comunicación. Es cierto que también son parte de la uniformización, pues están envueltos más que todo en la monotonía musical, en programaciones ramplonas que no aportan cultura.
| Las masas movidas por el interés común. |
Pero hay que especificar que ellas tienen algo que las hace únicas: su inmediatez, su noble acceso a los que menos tienen, su capacidad para llegar a un pueblo y así poder ayudarlo a desarrollar. Entonces, ¡por qué no hablar de ellos como instrumentos de transformación de las comunidades? Si en sus inicio las radios fueron el instrumento conciliatorio y preconizador de las necesidades del pueblo, de la búsqueda de respuestas a sus reclamos, del apoyo social alas inquietudes de su gente.
Hay ejemplos de radios que se han creado para un objetivo único: culturizar a su gente, elevar su participación creativa, devolver sus costumbres ancestrales y realizar espacios donde converjan con un solo propósito: el de bienestar común.
Así encauzadas, las radios entonces lograrán la expresión individual, la creatividad perdida en el hombre, la búsqueda de nuevas estructuras que lo hagan valorar como hombre pensante. Y no pues terminar como un simple espectador pasivo que no discrepa, no razona; en suma, convertirlo en un hombre apabullado.
Ver: http://signoypensamiento.javeriana.edu.co/
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