Ni una época totalmente signada por los medios, en el que éstos determinan
nuestros hábitos de consumir y oficializan la llamad “cultura de masas”, la
labor de la radio parece un tanto escamoteada por la televisión. En estos
tiempos de arraigamiento neoliberal, cabe formularse la siguiente pregunta:
¿Cómo actuar desde la radio?
La radiodifusión, en el sentido más cabal de la palabra, en la medida en
que es responsable, inicia consensos y abre espacios de diálogo. Es decir,
empodera al hombre común. Pro, ahora bien: ¿cómo conciliar la estética y el
sonido de una radio en pro de un mejor desarrollo social? La respuesta a este
pertinente cuestionamiento está trazada por las reflexiones complementarias de
Arnheim y Lazarsfeld.
Rudolf Arnheim funda una postura plenamente estética, que concibe a la
radiodifusión como un arte expreso, donde las emisoras son vehículos para
transmitir programaciones sostenidas sobre una base artística.
Las concepciones arnheimianas de la radio asumen un papel artístico,
creativo y cultural resaltando la ventaja de la expresión oral como eje
fundamental del pensamiento. La televisión contrapone la visión y el lenguaje,
en la que predomina el sentido de la expectación, transformando la conducta participativa del individuo en una mera
observación, carente de crítica e imposible de un análisis reflexivo.
Entonces, el medio ciego esboza una incitación hacia el arte emparentado
con la ardua labor social. Estimula la creatividad y promueve el desarrollo
asociado a la información.
En la postura antropològica-sociològica de Lazarsfeld, visualizamos una
audiencia heterogénea, que dejó hace mucho de ser una masa sin personalidad, un simple “rebaño consternado”, como diría
Edward Bernays. Asumiendo esta posición sociológica, la radio nos
deja entrever su cualidad para estudiar a una audiencia relativamente desigual.
Los estudios analíticos lazarsfeldianos adquieren un cariz cercano al uso
comercial de las radios., Hoy en día, que prevalece el poder de atracción de la
publicidad, resulta pertinente el legado que este fundador del pensamiento
comunicador nos legara. A partir de sus concepciones acerca de la influencia de
la radio y su estrecha vinculación a los hábitos de la audiencia, es que los
medios comerciales y sus amos realizan la famosa segmentación de los mercados.
Dejando claras, como bellas aguas diáfanas, las posiciones de Arnheim y
Lazarsfeld, tratamos de visualizar una factible sinergia entre ellas. Y es en
este escenario, donde salen a flote los “radio studies”, que nacen como una
iniciativa hacia una localización antropológica de la radio en el seno de una
sociedad industrializada y visual.
Los “radio estudies” son opciones frente a una profusa comercialización
radial. Ellas nacen con el propósito de alimentar una cultura y una información
ávidas y codiciosas.
Esta naturaleza de las radios no ha merecido un estudio concienzudo y
prolijo por parte de distintos expertos en materias de comunicación. Creemos,
en cualquiera de los casos
Entre la temática que podría reunir este género de radiodifusión, están las
radionovelas, las noticias locales, nacionales e internacionales (para
construir un verdadera aldea global), la difusión de programas educativos y
culturales, la publicidad, para definir una radio sostenible y educativa, con
índoles populares y fines sociales.
De esta alternativa radiofónica, entra a tallar también la posibilidad
azarosa de entrar en contacto con radios locales y globales, para compartir
propuestas, establecer canales de diálogo a grandes distancias para afirmar a
las emisoras como hacedoras de una nueva realidad.
Una vez determinado la conexión entre ambas reflexiones innovadoras, nos
concierne a nosotros los hombres comunes, desde cualquier rincón indígena hasta
algún resquicio ciudadano, unirnos en pos de un nuevo imperio radial que
mantenga su arsenal oral en función a la educación y al compromiso social. Solo
así, nos habremos desarrollado como un pueblo libertario.
Entonces, comunicación para el desarrollo es nuestro norte promisorio.
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