miércoles, 18 de abril de 2012

RADIO: ESTETICISMO Y ANTROPOLOGÍA


Ni una época totalmente signada por los medios, en el que éstos determinan nuestros hábitos de consumir y oficializan la llamad “cultura de masas”, la labor de la radio parece un tanto escamoteada por la televisión. En estos tiempos de arraigamiento neoliberal, cabe formularse la siguiente pregunta: ¿Cómo actuar desde la radio?

La radiodifusión, en el sentido más cabal de la palabra, en la medida en que es responsable, inicia consensos y abre espacios de diálogo. Es decir, empodera al hombre común. Pro, ahora bien: ¿cómo conciliar la estética y el sonido de una radio en pro de un mejor desarrollo social? La respuesta a este pertinente cuestionamiento está trazada por las reflexiones complementarias de Arnheim y Lazarsfeld.

Rudolf Arnheim funda una postura plenamente estética, que concibe a la radiodifusión como un arte expreso, donde las emisoras son vehículos para transmitir programaciones sostenidas sobre una base artística.

Las concepciones arnheimianas de la radio asumen un papel artístico, creativo y cultural resaltando la ventaja de la expresión oral como eje fundamental del pensamiento. La televisión contrapone la visión y el lenguaje, en la que predomina el sentido de la expectación,  transformando la conducta participativa del individuo en una mera observación, carente de crítica e imposible de un análisis reflexivo.

Entonces, el medio ciego esboza una incitación hacia el arte emparentado con la ardua labor social. Estimula la creatividad y promueve el desarrollo asociado a la información.

En la postura antropològica-sociològica de Lazarsfeld, visualizamos una audiencia heterogénea, que dejó hace mucho de  ser una masa sin personalidad, un simple “rebaño consternado”, como diría Edward Bernays. Asumiendo esta posición sociológica, la radio nos deja entrever su cualidad para estudiar a una audiencia relativamente desigual.

Los estudios analíticos lazarsfeldianos adquieren un cariz cercano al uso comercial de las radios., Hoy en día, que prevalece el poder de atracción de la publicidad, resulta pertinente el legado que este fundador del pensamiento comunicador nos legara. A partir de sus concepciones acerca de la influencia de la radio y su estrecha vinculación a los hábitos de la audiencia, es que los medios comerciales y sus amos realizan la famosa segmentación de los mercados.

Dejando claras, como bellas aguas diáfanas, las posiciones de Arnheim y Lazarsfeld, tratamos de visualizar una factible sinergia entre ellas. Y es en este escenario, donde salen a flote los “radio studies”, que nacen como una iniciativa hacia una localización antropológica de la radio en el seno de una sociedad industrializada y visual.

Los “radio estudies” son opciones frente a una profusa comercialización radial. Ellas nacen con el propósito de alimentar una cultura y una información ávidas y  codiciosas.  

Esta naturaleza de las radios no ha merecido un estudio concienzudo y prolijo por parte de distintos expertos en materias de comunicación. Creemos, en cualquiera de los casos

Entre la temática que podría reunir este género de radiodifusión, están las radionovelas, las noticias locales, nacionales e internacionales (para construir un verdadera aldea global), la difusión de programas educativos y culturales, la publicidad, para definir una radio sostenible y educativa, con índoles populares y fines sociales.

De esta alternativa radiofónica, entra a tallar también la posibilidad azarosa de entrar en contacto con radios locales y globales, para compartir propuestas, establecer canales de diálogo a grandes distancias para afirmar a las emisoras como hacedoras de una nueva realidad.

Una vez determinado la conexión entre ambas reflexiones innovadoras, nos concierne a nosotros los hombres comunes, desde cualquier rincón indígena hasta algún resquicio ciudadano, unirnos en pos de un nuevo imperio radial que mantenga su arsenal oral en función a la educación y al compromiso social. Solo así, nos habremos desarrollado como un pueblo libertario.

Entonces, comunicación para el desarrollo es nuestro norte promisorio.

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