Las radios populares en la historia de América Latina han jugado una importante labor en favor de los sectores populares menos favorecidos. Les permitió la expresión para poder manifestar las injusticias, las desigualdades y el maltrato fomentado por el poder de unos pocos.
Concedieron el arma fundamental de a palabra para hacer oír a los que nunca fueron escuchados, incluir a los que siempre fueron marginados.
Tuvieron el propósito, el atrevimiento, el desafío, la audacia, de no temblar ante los poderes dominantes. Así funcionaron estas radios que con el tiempo y la llegada de un nuevo milenio se fueron encauzando hacia un destino aislado, quieto.
El milenio nuevo -como diría Gabriel García Márquez- será el milenio del imperio de las palabras. Y es bien cierto, pues si notamos la presencia la presencia privilegiada de los medios de comunicación, hoy en día nos ponemos a pensar del poder enorme que han adquirido.
"Actualmente, el consumo de medios de comunicación constituye un componente fijo de la vida cotidiana en la mayoría de las sociedades. La cultura predominante de hoy es la producida masivamente por tales medios" (Ignacio Ramonet).
Pero este milenio también ha traído el empoderamniento de pocos. Hoy en día, muchos tienen poco y pocos tiene mucho. La concentración de la riqueza a nivel planetario es de unos cuantos, apenas el veinte por ciento. El resto solo mira el derroche con que ellos caminan al filo de la opulencia.
Asó, el sendero nuevo de este mundo traspasa fronteras, límites. Ya no hay espacios vacíos, todo está cubierto de información, de comunicación, gracias al vertiginoso avance de tecnologías.
Entonces, las radios populares, la que nos interesan a nosotros, tendría nuevamente la correspondencia de empezar el sueño con que nacieron. Pero agregando que ahora son más poderosas.
Les toca a ellas abrir espacios donde las fuerzas sociales tomen posturas para debatir temas compatibles con su bienestar y progreso. De esta manera, las radios populares pasan a convertirse en aliados plenos de los nuevos revolucionarios del orden que luchan por causas justas.
Pues, como la globalización ha individualizado, ha ensuciado y ha corrompido las nuevas sociedades, es menester que apoyen los movimientos sociales que surgen. Ya que ellos traen el mensaje de las aspiraciones nuevas.
No obstante, hay que admitir que la globalización con las nuevas tecnologías -como hemos señalado- traen consigo una amenaza. Pues el fácil acceso a la oferta de información y programación externa pueden disminuir su propuesta de radio popular.
Entonces, la radio popular tiene que partir de un enfoque local para poder asumir luego un compromiso más general. Debe promover la capacitación de los campesinos para que puedan elaborar nuevos proyectos agrarios, y así competir en el mercado externo. Debe asumir y cumplir el papel de mediador entre los ciudadanos y el estado. También una visión más democrática, donde los que quieren expresar algo lo expresen de forma libre y pluralista. Deben combatir el desprecio de las personas, el racismo, la violencia, la delincuencia, el narcotráfico, la corrupción, etcétera.
Así pues la tarea de humanizar se convierta en algo estratosférico, relevante, que involucre todas las condiciones humanas.
A plenitud, que sean una fuerza integradora que busque un nuevo rostro social donde todos, sin distinción de nada, sean escuchados a viva voz. Este trabajo debe ser una empresa ardua, sacrificada, que se traduzca de reformas sociales, que compitan con las otras radios, no comercialmente, sino intelectualmente. Ése es el prurito anhelado y ambicioso de las radios populares.

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