sábado, 1 de septiembre de 2012
EL FLAUTISTA DE HAMELIN (VERSIÓN OPUESTA) Por Ángel Javier López Ventura
Hace mucho, muchísimo tiempo en la ciudad de Hamelin sucedió algo extraño: una mañana sin sol, cuando sus esforzados y trabajadores habitantes salieron de sus casas, encontraron las calles invadidas por miles de ratones que andaban por todas partes, devorando el grano de sus llenos graneros y despensas que habían recién cosechado. Nadie entendía la causa de la invasión, y no sabían tampoco qué hacer para acabar con todo ello.
No consiguieron nada a pesar de matarlos, ahuyentarlos. Parecía más bien que se multiplicaban, y daban la impresión de adueñarse de la ciudad que hasta los mismos gastos huyeron.
Ante de la terrible situación, el jefe del pueblo hizo una reunión con todos los pueblerinos para ir adonde el flautista mágico a pedir ayuda. Éste era un hombre flaco que, junto con su flauta, hacía cosas imposibles, extrañas. Vivía fuera de la ciudad, solo. Cuando el jefe y los pueblerinos le contaron la desgracia, él se comprometió a ayudarlos pero a cambio de algo. Decidió que toda la cosecha debía ser toda para él a cambio del favor. Los pueblerinos aceptaron a pesar de su malestar y angustia. Así fue como el flautista mágico entró a la ciudad, y de un toque de flauta tan triste y adormecedor hizo que todos los ratones invasores lo siguieran hasta la orilla de un río. Iban tan adormecidos hasta que el río los arrastró y desapareció a todos.
Esa noche los habitantes de Hamelin más alegremente comieron y cantaron.
La cosecha venidera fue mala y los esforzados habitantes apenas tenían que comer. Fue entonces cuando apareció el flautista mágico a pedir lo que le correspondía, a lo cual los habitantes se negaron a darle, puesto que apenas alcanzaba para comer con sus familias.
El flautista mágico enojóse mucho que amenazó al pueblo. Después de un hora llegó al centro del pueblo Hamelin y de un toque de flauta hizo que todos los niños le obedecieran al igual que los ratones. A pesar de las súplicas y los ruegos de todos sus padres para que sus hijos regresaran, ninguno hizo caso, siguiendo todos la música triste y adormecedora del flautista mágico, quien los llevó a no sé qué sitio sin que nunca sus padres pudieran encontrar.
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